La concentración del conocimiento: poder y vulnerabilidad estructural

Artículo Periodístico
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  | 05 de Agosto, 2026  

Durante el siglo XX, la fortaleza económica de un país solía medirse por la diversidad de su aparato industrial, la amplitud de su mercado interno o la disponibilidad de recursos estratégicos; el capitalismo contemporáneo, por su parte, comienza a exhibir una transformación más profunda ya que un número de cada vez más reducidos sectores se concentra la innovación, la inversión y las exportaciones, sosteniendo el empleo altamente calificado y su valor agregado. Este proceso típico del siglo XXI modifica los antiguos parámetros de crecimiento económico rápidamente y el caso reciente de Dinamarca y Novo Nordisk constituye probablemente uno de los ejemplos más ilustrativos de este fenómeno.

Durante los últimos años, el increíble éxito comercial del Ozempic y Wegoby impulsó una expansión sin precedentes de la compañía a nivel global, elevando las exportaciones farmacéuticas, fortaleciendo la recaudación fiscal y contribuyendo muy significativamente al enorme crecimiento económico de la nación danesa. Pero como todo sube, luego tiende a normalizarse y la actual desaceleración de la empresa en términos de crecimiento y ganancias provocó una revisión sustancial de las expectativas macroeconómicas del país, evidenciando hasta qué punto una economía desarrollada como la danesa puede quedar expuesta a la evolución de un único actor corporativo. La reducción de las previsiones de crecimiento de Dinamarca, los despidos anunciados por Novo Nordisk y la cada vez más creciente competición internacional, muestran que el denominado “milagro farmacéutico de Europa” también posee límites estructurales.

Ahora bien, este fenómeno trasciende ampliamente el desempeño de una empresa específica porque la creciente concentración de diversas capacidades - influencias económicas, políticas y de cabildeo entre otras demostraciones de poder - en pocas empresas o corporaciones representa una de las características centrales del capitalismo tecnológico que gobierna el siglo XXI, y bajo este parámetro, la académica liberal británica Susan Strange - de publicaciones como “The Myth of Lost Hegemony”, “States and Markets” o “The Retreat of the State” - sostenía que el verdadero poder internacional no depende exclusivamente de los Estados, sino del control de determinadas estructuras fundamentales como la producción, las finanzas, la seguridad y el conocimiento. Bajo esta perspectiva, compañías capaces de dominar tecnologías críticas adquieren un nivel de influencia comparable al de Estados nacionales; Novo Nordisk no solo produce medicamentos, sino que actualmente concentra un conocimiento biométrico casi único, tiene una capacidad de innovación aún insuperable en su sector, una multimillonaria propiedad intelectual, empleos altamente especializados y una parte muy significativa de la inserción internacional de Dinamarca dentro de la industria farmacéutica global.

La evolución de la compañía refleja la realidad descrita anteriormente ya que, tras varios años de crecimiento exponencial impulsado por la enorme demanda global de tratamientos contra la obesidad y la diabetes, Novo Nordisk comenzó a enfrentar un escenario mucho más complejo. La intensificación de la competencia con Eli Lilly, la presión regulatoria sobre los precios en Estados Unidos, la expiración de determinadas patentes en mercados emergentes, la aparición de competidores genéricos y la necesidad de reducir costos derivaron en una importante reestructuración que incluyó el despido de aproximadamente 9.000 trabajadores y un cambio en la conducción ejecutiva de la empresa. A su vez, Dinamarca redujo muy considerablemente sus previsiones de crecimiento económico al reconocer que la desaceleración exportadora de Novo Nordisk impactaba fuertemente en el conjunto de la economía nacional.

El Historiador económico americano Alfred Chandler - en su texto “la mano invisible: la revolución empresarial en los negocios estadounidenses” - argumentaba que las grandes corporaciones modernas no sólo producen bienes, sino que organizan recursos, conocimientos y grandes capacidades productivas a una escala superior a Estados de primer mundo que junto con la teoría complementaria de la economista liberal británica Edith Penrose - en “la teoría del crecimiento de las empresas” - se puede decir que el crecimiento de las firmas depende fundamentalmente de la acumulación de las capacidades organizativas e innovación constante.

Ahora veamos un poco de historia: Durante décadas, Nokia representó una parte sustancial de toda la economía finlandesa que, junto a su liderazgo mundial en la telefonía móvil, impulsó un enorme crecimiento, una masiva cualificación del empleo y una enorme innovación tecnológica. Pero, el colapso competitivo frente a Apple y Samsung produjo una fuerte desaceleración en toda la economía finesa que obligó al país a reconstruir casi de 0 buena parte de su matriz productiva. Hoy muchos analistas europeos utilizan el concepto de “riesgo Nokia” para describir aquellas economías que se vuelven excesivamente dependientes del desempeño de una sola compañía o algún sector de la economía. Pero esto se puede ver más allá de Europa como por ejemplo Taiwán que depende en gran medida de la supervivencia de TSMC, Corea del Sur hace lo mismo con el sector tecnológico, Países bajos con ASML, Arabia Saudita con el sector petrolero, Irlanda con el sector financiero o fuertes influencias en el ecosistema digital de Mercado Libre o billeteras virtuales en LATAM.

Todos estos casos tienen una característica en común: la creciente concentración del conocimiento, innovación y el valor agregado en un número reducido de empresas líderes. El economista Joseph Schumpeter - en su texto “capitalism, socialism and democracy” - describe este fenómeno como parte del proceso permanente de destrucción creadora, mediante el cual las innovaciones generan posiciones dominantes transitorias que posteriormente son desafiadas por nuevos competidores. Esta concentración también modifica la relación entre los Estados y el sector privado, cuando generalmente, las grandes innovaciones contemporáneas rara vez surgen exclusivamente del mercado, sino de una interacción permanente entre inversión pública, investigación científica y desarrollo empresarial; el ejemplo de la industria farmacéutica confluye universidades, laboratorios públicos, agencias regulatorias y compañías privadas, por lo tanto, el éxito empresarial, no constituye únicamente el resultado del funcionamiento del mercado, sino también de ecosistemas nacionales de innovación.

Desde la realpolitik, la concentración tecnológica adquiere además una dimensión geoestratégica. Gilpin señalaba que la competencia económica constituye una prolongación de la competencia por el poder internacional y en el escenario actual, las grandes corporaciones representan activos estratégicos cuya protección forma parte de las políticas nacionales de seguridad económica: EE.UU protege el liderazgo de NVIDIA, Microsoft, Google o SpaceX con regulaciones, subsidios y restricciones tecnológicas, la UE hace lo mismo con ASML, Japón con sus empresas de semiconductores, Corea del Sur con Samsung o Taiwán con TSMC. La consolidación de estos campeones nacionales también introduce nuevas vulnerabilidades: el teórico Nassim Taleb desarrollo con concepto de “fragilidad sistémica” para describir aquellos sistemas cuya aparente estabilidad oculta elevados niveles de exposición frente a perturbaciones inesperadas y de manera similar, Hyman Minsky sostenía que los periodos prolongados de estabilidad suelen generar comportamientos que incrementan los riesgos futuros. Aplicado al caso danés, Novo Nordisk fortaleció la economía nacional y aumentó su dependencia respecto de una única fuente de crecimiento, ya que, cuanto mayor resulta la concentración de exportaciones, innovación, recaudación tributaria y empleo altamente especializado en una sola empresa o sector, mayor será el impacto macro derivado de cualquier desaceleración competitiva, cambio regulatorio o disrupción tecnológica.

Para gobiernos, inversores y empresas, este fenómeno deja varias enseñanzas estratégicas. Primero, se confirma que la construcción de compañías líderes pueden generar enormes beneficios macro mediante innovación, exportaciones y empleo altamente calificado. Segundo, se demuestra que una excesiva concentración sectorial incrementa la vulnerabilidad económica frente a cambios competitivos inevitables, y tercero, se evidencia que las políticas industriales del siglo XXI deberán orientarse menos a crear un único campeón nacional y más a desarrollar ecosistemas completos de innovación capaces de producir múltiples empresas líderes en sectores diferentes, ya que, la verdadera resiliencia económica no viene únicamente del éxito de una compañía, sino de la capacidad del sistema productivo para generar continuamente nuevas fuentes de crecimiento e innovación.

- Nicolás Figueroa.

 

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