
Corea del Sur: innovación tecnológica y armamentística
En términos amplios, la evolución de Corea del Sur hacia capacidades navales de alto nivel bajo la adquisición de submarinos nucleares plantea la cuestión de su posible transición hacia una potencia militar de alcance regional o incluso global. Si bien su política exterior sigue anclada en alianzas y marcos multilaterales, la acumulación de capacidades avanzadas amplía su autonomía estratégica y su capacidad de influir en el equilibrio regional. Esta transformación no implica necesariamente una vocación expansionista, sino una redefinición de su estatus y de su rol en la competencia geopolítica contemporánea.
La posibilidad de que este emergiendo un nuevo bloque militar en Asia bajo liderazgo estadounidense puede analizarse desde una lógica distinta a la de las alianzas rígidas del siglo XX, puesto que más que un bloque formal comparable a la OTAN, lo que se observa es la consolidación de una arquitectura de seguridad en red, caracterizadas por acuerdos bilaterales y multilaterales superpuestos, interoperabilidad militar y transferencia selectiva de capacidades estratégicas. En este sentido, podemos analizar cómo desde un realismo estructural, este proceso responde a la necesidad de Estados Unidos de equilibrar el ascenso de China sin asumir en solitario los costos de la disuasión regional.
La autorización de Corea del Sur para desarrollar submarinos nucleares se inscribe en esta lógica: no implica una subordinación automática, pero sí una profundización del alineamiento estratégico. Al mismo tiempo, desde una perspectiva institucionalista, puede interpretarse como un intento de estabilizar el sistema regional mediante compromisos cooperativos que reduzcan la incertidumbre entre aliados, aunque incremente la percepción de amenaza en actores externos como China. En este sentido, vemos que no se está formando un bloque militar cerrado, sino que es una coalición flexible de seguridad con liderazgo estadounidense y objetivos estratégicos convergentes.
Con respecto a la posibilidad de una nueva carrera armamentística en el pacífico, la evidencia empírica y teórica sugiere que la región ya se encuentra inmersa en una dinámica de este tipo. Desde la teoría del dilema de seguridad, desarrollada por Jhon Herz y posteriormente perfeccionada por Robert Jervis, el fortalecimiento defensivo de un actor, entendido como la incorporación de submarinos nucleares por parte de Corea del Sur, puede ser interpretado por otros como una amenaza ofensiva, incentivando respuestas simétricas o compensatorias. China, al percibir un cerco naval creciente, tiende a acelerar su propio desarrollo militar, lo que a su vez refuerza la percepción de inseguridad en sus vecinos. Este ciclo de acción-reacción, característico de las carreras armamentísticas, se ve intensificado por la centralidad del poder naval en el Indo-Pacifico, donde el control de rutas comerciales, estrechos estratégicos y zonas económicas exclusivas adquiere un valor crucial. Desde la teoría realista ofensiva, la acumulación de capacidades avanzadas es un comportamiento racional en un sistema internacional anárquico, pero desde enfoques más críticos, como la teoría de la estabilidad hegemónica, este proceso puede erosionar los equilibrios existentes y aumentar el riesgo de crisis no intencionales.
Desde una perspectiva de potencia media, Corea del Sur ha sido tradicionalmente clasificada como un actor con capacidades significativas, pero con un rol limitado por su dependencia de alianzas y por su foco regional. Sin embargo, la incorporación de tecnologías militares avanzadas, sumada a su capacidad industrial, tecnológica y económica, sugiere una evolución hacia una potencia media con proyección estratégica ampliada. En términos de la teoría del poder compuesto, comprendemos que la influencia internacional no depende únicamente de recursos militares, sino de la combinación de capacidades económicas, tecnológicas, diplomáticas y simbólicas. En este marco, Corea del Sur no parece buscar una proyección militar global autónoma, pero sí una mayor capacidad de influencia en el Indo-Pacifico y en los debates sobre seguridad internacional. Su estrategia puede interpretarse como un intento de maximizar autonomía dentro de un sistema de alianzas, reforzando su posición relativa sin desafiar abiertamente el orden liderado por Estados Unidos.
La autorización para que Corea del Sur acceda a submarinos de propulsión nuclear constituye un hito que reconfigura el equilibrio estratégico del Asia-Pacifico. Más que un hecho aislado, es una expresión de tendencias estructurales: la consolidación del Indo-Pacifico como epicentro de la competencia global, el fortalecimiento de alianzas bajo liderazgo estadounidense y el avance hacia una carrera armamentística marcada por la innovación tecnológica y la disuasión. El impacto final de este proceso dependerá de si estas nuevas capacidades logran estabilizar el sistema regional mediante el equilibrio de poder o si, por el contrario, profundizan una dinámica de rivalidad que incrementa el riesgo de crisis futuras.

- Nicolás Figueroa.







